FIB 2016
Kendrick Lamar to pimp a butterfly

Kendrick Lamar

Interscope, 2015
8.5
Publicado el 18.03.15

Como suele ocurrir con los buenos discos, de hip hop o de cualquier otro género, ‘To Pimp A Butterfly’ puede escucharse –y disfrutarse– básicamente de dos maneras. La primera es bien sencilla: ponerlo, sin más, y dejarse llevar por la multitud de voces (Lamar, Snoop, Pharell, Anna Wise, George Clinton, Rapsody, Ronald Isley...) y la exuberante musicalidad de sus casi 80 minutos. El disco convence y engancha desde la primera escucha, incluso si ésta es superficial o puramente hedonista. Una manera de acercarse a él totalmente lícita, faltaría más: no es necesario saber de dónde viene Kendrick Lamar y que nos está contando para gozar con sus canciones, de la misma forma que no hace falta conocer la historia de ‘Las Señoritas de Avignon’ para apreciar el genio de Picasso.

Eso sí: la segunda lectura, la profunda, la que requiere tiempo y dedicación, abre múltiples capas y significados al oyente y eleva este tercer álbum de Lamar a la categoría de obra, como mínimo, importante. Cuando hace unas semanas aparecía en los canales habituales el segundo single de adelanto, ‘The Blacker The Berry’, el escritor norteamericano Michael Chabon (ganador del Pulitzer en 2001 por ‘Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay’) publicó unas reflexiones sobre la letra de la canción. Chabon alababa el giro final con el que Lamar da pleno sentido al concepto de ‘hipocresía’, mencionado tres veces en la canción (nota: Lamar acusa de hipócritas a todos aquellos que se rasgan las vestiduras ante la muerte de un negro a manos de un policía blanco, cuando ellos mismos han matado en alguna ocasión a chavales igual de indefensos), calificando ese giro de ‘devastador’. Que un autor del prestigio de Chabon se tome la molestia de analizar los versos del músico angelino y publique sus pensamientos sobre ellos nos da una muestra del alcance que poseen las palabras que escribe y dice Lamar.

Las canciones de ‘To Pimp A Butterfly’ (título que toma su inspiración de ‘To Kill A Mockingbird’ y que puede traducirse como ‘prostituir a una mariposa’: ahí queda eso) están llenas de contenido y significado. Incluso las más cortas. Tomemos ‘For Free?’, por ejemplo, y desgranemos los elementos que la conforman: musicalmente, un homenaje directo a las orquestas de jazz de los 50s; en lo lírico, un recitado sexual explícito con frase provocadora repetida varias veces (‘this dick ain’t free’), un rapeado ultra rápido, muy vacilón, del propio Kendrick Lamar, y el speech de una mujer que suelta improperios a su hipotético novio; todo ello en menos de 2 minutos y medio. Los detalles son incontables, como para pasarse varios días analizándolos detenidamente y listándolos en un documento aparte. No es casual, por supuesto, que el disco se abra con la frase ‘every nigger is a star’, sampleada del track del mismo título de Boris Gardiner, y que define uno de los temas centrales del álbum: como América se las ha arreglado siempre para mantener a los negros oprimidos y en un segundo plano. Kendrick ya no habla de si mismo y las dificultades para llegar a la cima, como hizo en ‘good kid, m.A.A.d city’, su anterior y también espléndido álbum. Ahora habla de los suyos: ha cambiado el ‘yo’ por el ‘nosotros’, convencido de su rol para transmitir grandes ideas y una voluntad expresa de no callarse nada.

Lo hace, mayormente, usando metáforas, constantes a lo largo de todo el álbum. Cuando en el coro de ‘Wesley’s Theory’ (en referencia a los tres años que ha pasado el actor Wesley Snipes en prisión por evasión de impuestos) dice ‘at first i did love you, but now i just wanna fuck’ no se refiere a ninguna mujer; ni tan siquiera es él el protagonista de la canción. Quien habla es el mainstream que engulle a los artistas negros y los transforma en productos vendibles para todos los públicos; pero ojo, porque no solo carga contra el sistema: también lo hace contra los muchos colegas que se dejan prostituir (‘pimp’) por el dinero y el éxito. Ahí está el otro gran tema del álbum: el éxito y sus peligros: ‘Bitch where was you when I was walking? Now I run the game got the whole world talkin’, suelta en ‘King Kunta’, hit incontestable, desde ya una de las cimas de su repertorio.

Pero no todo son dobles sentidos: en otros momentos sus palabras son más directas, casi literales: ‘Shit don't change until you get up and wash your ass, nigga’, se oye en la soberbia ‘Institutionalized’. Tampoco elude el comentario político: ‘Ain’t nothin' new but a flow of new DemoCrips and ReBloodlicans / Red state versus a blue state, which one you governin’? / They give us guns and drugs, call us thugs / Make it they promise to fuck with you / No condom they fuck with you / Obama say, ‘What it do?’ (‘Hood Politics’).

Para el sonido –y ese es otro talento más que hay que apuntarle al músico de Compton– Kendrick sabe a quién llamar y dónde ir a buscar: en la producción están, entre otros, Flying Lotus (aportando beats en ‘Wesley’s Theory’), el gran Thundercat (que también contribuye con bajos y voces), Pharrell, Taz Arnold (de Sa-Ra Creative Partners) o los ya habituales Terrace Martin y Sounwave; para los samples acude  a Michael Jackson, Fela Kuti, James Brown, Sly & The Family Stone, Isley Brothers y, sorpresa, Sufjan Stevens (en ‘Hood Politics’). No es un disco perfecto, y no se libra de algunos bajones (la dupla ‘These Walls’, muy Prince por cierto, y ‘u’; poco después también flojea un poco en ‘For Sale?’), pero la generosidad y la profundidad que Lamar exhibe en ‘To Pimp A Butterfly’ hacen del disco una obra decididamente mayor, abundante en recursos e ideas, ambiciosa y sincera, de una complejidad muy poco habitual en la música de hoy. Veremos de qué manera crece con el tiempo (semanas, meses, años) pero aquí huele a clásico.


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